Mientras piensan en preguntas y comentarios, quisiera hacerte dos:
- Yo estaba leyendo, como te dije, el trabajo de Sergio Tischler Visquerra sobre la revolución de 1944, o el proceso de crisis del 44 que derrumba la hegemonía del estado oligárquico en Guatemala y este trabajo es impresionante por si mismo y tiene una vigencia extraordinaria, que reconozco aún mas ahora escuchándote. El paralelo es evidente, con diferencias claro, con diferencias grandes. En ese sentido y desde allí reconoce uno aquí y ahora también las maniobras de la derecha tradicional, de las élites, de los Estados Unidos, de los empresarios, del sector capitalista fuerte, por cooptar y contener el movimiento. De otra parte, la forma en que todo esto, la movilización popular incontenible, precisamente, los hace moverse intencionalmente en un proceso de contención porque descubren que es mucho más de lo que ellos se imaginaban que podía ser. Es decir que el tema no es solo la corrupción aislada de Pérez Molina y “la línea”, sino que es todo el modelo de estado, el modelo de economía, los proyectos extractivistas, el proyecto de integración del capital para el despojo de poblaciones y el acceso al recurso seleccionado. Es decir, esta nueva forma de guerra contra los pueblos. Se podría tejer una resistencia grande, una verdadera insurrección frente al modelo y al sistema. Entonces hay dos fuerzas en pugna que se visibilizan en la medida en que se profundiza la crisis y no solamente el poder del capital permeando todos los ámbitos sociales. No es únicamente un antagonismo difuso. Se trata de campos a partir del antagonismo que se van definiendo. Uno, para ponerlo en extremo, uno, que es esa vieja oligarquía-burguesía y sus alianzas con los EE.UU. etc. y los movimientos que van presentándose, reapareciendo y surgiendo. El esfuerzo del régimen, desde el sistema es para tratar, de una parte, de relegitimarse, lo cual es muy difícil, o de imponerse. De otra parte, movimientos y procesos sociales disgregados, rotos a partir de la guerra, que empiezan a tejerse, sobre todo en y desde lo rural y ahora también los urbanos que han estado paralizados y que empiezan a movilizarse y cuyas agendas políticas -asume uno- no pueden ser muy claras. Entonces, es como para darnos una idea de que sientes vos, ¿para dónde va esto? Claro que es imposible que nos podás responder de manera definitiva, pero, poniéndolo en otras palabras, -a sangre y fuego- uno podría decir que en Guatemala siempre ha ganado la derecha (en la historia lineal del capital), pero también se puede decir con la misma fuerza que la derecha, a pesar de las masacres, en Guatemala en particular, pero en toda Centro América, nunca ha podido ganar.
Guatemala indígena es resistencia
Así es como veo desde afuera la historia, como que aquí hay unos pueblos que no pueden ser derrotados así los masacren y de otra parte esta una derecha que siempre mantiene una semblanza de control a pesar de esa resistencia. No es sólo Guatemala, sino Honduras también, tal vez el Salvador etc. ¿Volverán a ser temporalmente controlados y sometidos los pueblos y la insurrección posible?, ó, ¿Seguirá creciendo la fuerza de los de abajo con esa larga historia de resistencia y experiencia permeando hacia el norte a México y hacia el sur Costa Rica, Panamá y Colombia?
- La segunda es en relación con esa otra Centro América, el bloque progresista, supuestamente de izquierda, bastante institucionales. Esos países, en Nicaragua y El Salvador, ¿cómo juegan en este contexto de movilización y creciente antagonismo-polarización? Ellos, los gobiernos de estos países, ¿están con el aparato institucional contra la movilización popular por razones de pertenecer a la institucionalidad, o por temor a que suceda lo mismo en las bases de Nicaragua y el Salvador? ¿O están respaldando los procesos de transformación que empiezan a surgir desde abajo? Porque necesariamente esta lucha anti-sistémica es también una lucha contra las estructuras y en el poder, o administrando dichas estructuras, en dos de los países, hay gobiernos progresistas de origen insurreccional armado que necesita defender y conservar la institucionalidad que ha conseguido y sus beneficios. ¿Estaría la institucionalidad de Centro América dividida o unificada a pesar o por el curso de estos acontecimientos?
Sergio Palencia: Ya hubo elecciones. El panorama próximo: Se han creado colectivos urbanos que habían estado desapareciendo desde la guerra. Están surgiendo. El movimiento estudiantil crea una coordinadora de estudiantes. No solamente participan las públicas. También entran sectores de clases medias y altas. En el área rural, crece la resistencia a mineras e hidroeléctricas y ésta por fin tiene repercusión urbana nacional. Se rompe la distancia y el silencio entre las luchas. Seguramente todo esto sirve para la articulación de las resistencias.
Se da también un proceso de reconstitución de partidos social-demócratas con aspiraciones de gobierno que generarán consensos. Siguen presentes las permanentes resistencias locales campesinas que se integran. Los colectivos urbanos apuntan a nuevas experiencias de articulación. Ya no con grandes micrófonos y canciones en las tarimas, sino que van movilizándose y tocando música abajo, en las marchas, entre la gente y en las calles. No se busca participar con consignas prefabricadas sino que surgen de abajo con sus propias consignas. El joven es actor.
Frente a la pregunta de Manuel: Nicaragua tiene un gobierno que se llama a sí mismo de izquierda: sandinista, que hizo la revolución contra Somoza y el FMLN en El Salvador, de uno de los ejércitos guerrilleros más grandes de AL. En la actualidad FSLN está cooptado por la línea de Daniel Ortega, quien ha hecho una administración con capitales chinos, rusos, venezolanos y con discursos anti-imperialistas de EEUU. El megaproyecto del Canal interoceánico: Un enorme despojo de tierras campesinas y un desastre natural que ha movilizado y levantado a los pueblos, pero que se impone.
En El Salvador, el actual presidente fue comandante de la guerrilla. Hay una mayor disputa por el poder porque ARENA, de la derecha, ha incitado intentos golpistas contra izquierda estatal. El Salvador se encuentra además en una crisis de violencia tremenda. Las Maras se consolidan como pandillas organizadas y se tejen al narco, en una situación muy dura. Todo esto obliga a una reestructuración del discurso de izquierda en aras de la gobernabilidad frente a la inseguridad (una agenda de derecha). Lo que surgió en su momento y desde abajo como procesos de liberación Nacional, hoy, o son proyectos de gobernabilidad con capitales rusos chinos y venezolanos que compitan con los capitales de EEUU y Europa o, se enfocan en el control de maras y las presiones de las derechas.
Se pregunta respecto a las similaridades de la caída del presidente Jorge Ubico, en 1944, con Otto Pérez ahora en 2015. Una similaridad es que, en su punto crítico de denuncia de la CICIG, llegó a haber un consenso de la renuncia de Pérez Molina. No obstante no sucedió en el marco de una crisis estatal que, incluso, se mostrara como resquebrajamiento del mismo ejército y un vigoroso movimiento magisterial-estudiantil, como sí lo hubo en 1944. En este sentido, como lo trae a colación Manuel Rozental, el libro de Sergio Tischler – Guatemala, 1944 Crisis y Revolución - ilumina para diferenciar las diferencias entre una crisis de gobierno y una crisis de la forma estatal.
Entre 1950 y 1980 hubo dos maneras de concebir la revolución: El proyecto nacional-revolucionario desde Árbenz y las vanguardias guerrilleras: algunas inspiradas en el modelo de Cuba. Por otro lado, comunidades organizadas para resistir proyectos y de lucha desde comunas organizadas. En estas síntesis puede uno rastrear prácticas como las que hoy se conocen como zapatismo. No es casualidad. Son los mismos pueblos. Son proyectos comunales no-estatales y proyectos nacionales. Es la región que confluye con el Sur-Este mexicano de Chiapas.